Me gusta pensar en el paisaje como si fuera un libro, pero no un libro cualquiera, sino la más apoteósica obra que mis ojos pueden contemplar. Un libro-paisaje en el que leo la historia de la tierra, cuyo argumento me lleva más allá de mi propia conciencia como ser humano. Cada una de las palabras del libro-paisaje son una especie distinta, un ser vivo que se expresa con individualidad y coherencia dentro del contexto o hábitat en el que se encuentra.

Al hablar de paisajes, es como si explorase cada una de las historias que recrean la faz de este planeta. Como sueños, que nunca ocurren en un vacío, siempre envueltos por el paisaje que les da historia, sentido y protección. Una historia no es solo una sucesión de palabras escritas, también es cualquier expresión cultural que comunique, a través de su comprensión, un significado que mueve nuestra conciencia. Un paisaje contiene “patrones de forma, estructura, materia, formación y función”; es “pragmático, poético, retórico, polémico” y puede “hablarse, escribirse, leerse o imaginarse”, pero sobre todo se vive, ya que el paisaje refleja nuestro “alma del mundo” a través de nuestras percepciones y acciones sobre él. A mi entender si la sociedad se vuelve iletrada o ignorante en el “idioma del paisaje”, o simplemente lo malinterpreta, es inevitable que sucedan conflictos culturales, sociales y ecológicos.

 

El paisaje de un bosque

La autoría del libro-paisaje siempre es colectiva y muy a menudo de difusa acreditación; como en los paisajes rurales donde los humanos y demás seres vivos actúan juntos, o en los bosques donde la simbiosis de muchos seres vivos crea uno de los escenarios más complejos de nuestro mundo. Desde este punto de vista, los paisajes que nos envuelven son el resultado de una actividad creativa común; “Co-escrita” por las relaciones entre cada uno de los seres vivos que constituyen el paisaje. Cuando contemplo un paisaje panorámico, desde un enclave lejano, es como si estuviera leyendo las solapas de los libros en una estantería. Según me intereso por ellos me encuentro imágenes y títulos, seguido de una sensación de resumen del paisaje de paisajes que abarca mi vista. Pero para leer un paisaje en profundidad, debo dedicarle su tiempo y tengo que estar dentro de el para leer así su historia vital; y es que para mi ,todos los elementos que forman parte del paisaje, poseen personalidad y narran una historia.

 

Simbiosis fractal de un bosque

Al adentrarme en el paisaje de un bosque suele invadirme una sobrecogedora sensación de pequeñez, y a veces casi abrumándome la complejidad de éste espacio tan animado. Silencio, quietud y la certeza de que estoy entre un ser divino, de enorme magnitud y complejidad de forme y relaciones. El bosque es un paisaje en el que la actividad vital de todos sus seres constituyentes se ha fusionado de tal manera que todos escriben y leen de el; sus ciclos de vida se combinan de maneras muy complejas. Algunas especies crean hábitat para otras, ó a través de su descomposición son fuente de materia y energía para las demás; y es que el bosque está lleno de historias que hablan sobre la intima interconexión entre todos sus personajes, su anima ó “historia colectiva”.

El bosque es hogar para todos los reinos; animal, planta, hongo y el de los seres invisibles. Todos ellos viven formando parte de un grancuerpo, que es aquel del bosque. Todos los reinos fusionados en la gran maraña vital del bosque. La íntima relación entre todos los seres del bosque se presenta como un entorno fractal, donde vemos repetida a todas las escalas el patrón de la diversidad. La íntima relación que mantienen todos los habitantes de un bosque escribe la historia de éste paisaje.

 

Hongos sobre el lecho del bosque

Ante mí un hongo, un cuerpo lleno de esporas, que ha viajado hasta aquí desde el inframundo. Recuerdo mis años como estudiante de biología donde aprendí que los hongos son seres inmensos, invisibles a simple vista, que atraviesan y conectan la identidad de todos los arboles de un bosque. Hifas unicelulares que se adentran en los cuerpos de los arboles, asistiendoles en sus labores vitales y en procesos existenciales de expansión personal. Si, así es, estoy hablando de hongos y arboles, y es que me imagino a los hongos actuando como el gran centro nervioso del bosque. Todos los arboles conectados a través de hifas unicelulares que viven en simbiosis con “todo el bosque”. Un gran plexo nervioso que da señales de ser consciente de movimientos y cambios en el bosque.

El hongo que he encontrado crece sobre un tronco acostado sobre el lecho boscoso. Desde lejos el tronco parece la tumba de un faraón, y los hongos, las joyas que le visten en su viaje. Al levantar la cabeza me percato del lugar de donde viene, arriba entre las altas ramas de un viejo roble. Al caerse sobre el suelo, el impacto y la vibración del tronco aturde a la red de hifas que se ha desprendido con la rama del cuerpo del árbol, quedándose atrapadas en un místico sueño de transformación. El cuerpo del tronco poco a poco va descomponiéndose, volviendo así al suelo del bosque, y mientras tanto su alma va liberándose, en forma de nubes de esporas que abandonan el tronco para formar parte otra vez de la inmensidad del bosque.

Como puedes ver, cuando pienso en el paisaje como si fuera un libro, cada uno de los seres que me encuentro en el bosque me cuenta una historia. El paisaje de un bosque cuenta historias que nunca acaban, por ello tanto como lector como autor me siento orgulloso de estos seres tan increíbles que son los bosques.

¡Feliz año, queridos bosques!